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“Los informales”
Hace un rato estaba imaginando qué andaría haciendo ahora si me quedara un día para volver de Malí, como estaba previsto y como me recuerda desde hace un par de semanas la compañía aérea con la que aún mantengo “mi billete de regreso”. Se preocupan por mí porque han cambiado la hora de salida (¡cómo no!), porque por un “pequeño” extra podría viajar más cómoda y, sobre todo, porque las máquinas que envían ese tipo de correos no saben que mi asiento se quedará vacío mañana.
Quizá por ello, por los tantas veces distantes avances tecnológicos, he pensando que hoy me habría gustado sentarme en el porche de mi casa de Bamako, tal y como lo recuerdo. Frente a la puerta del patio. Vigilante de una entrada siempre abierta; dadora de continuas sorpresas.
Si los niños ya habían vuelto del colegio, entraban y salían dejando ecos de carcajadas, manos unidas, tierra en el suelo o miradas escondidas con las que atraer mi atención.
Si se acercaba la puesta de sol, la “princesa de la casa” iluminaba con su amplia sonrisa el anochecer. “Las clases, muy bien, gracias” -repetía siempre con una nueva sonrisa tímida. Después pasaba a su cuarto, se cambiaba y se prestaba a cualquier ayuda que necesitara su madre, sus hermanos, las trabajadoras del hogar o yo misma.
Ya por la noche, venían las vecinas a tomar el té. Reían en su lengua. Seguían el telediario con atención. Cantaban para que yo bailara. Hablaban de sus cosas.
La riada de personas que entraban y salían era inmensa. A los nombrados habría que sumar el ir y venir del primo, de los amigos del primo, del otro primo, del padre, de los amigos del padre, de las compañeras de la asociación de mujeres a la que pertenecía la madre, de los albañiles (tan intrigados conmigo como yo con sus quehaceres…).
Sin embargo, lo que más me entretenía era la aparición de “los informales”. Los vendedores ambulantes, que llegaban sin ser llamados, y el variopinto colectivo de “serviciales a domicilio”, que acudían prestos cuando se corría la voz de su necesaria presencia en algún hogar cercano o lejano. Las páginas web de compra por internet sobraban en mi casa de Kalabankoura.
Sentadas en cómodas sillas de fideos desfilaban ante nosotras (la madre era la gobernanta) vendedoras -y vendedores- de lechugas, papaya, utensilios de cocina, jabones, telas… Cualquier cosa que pudiera almacenarse en un barreño cubierto por una tela anudada y pudiera transportarse en una cabeza entrenada. Es decir, casi todo lo que se encontraba en el mercado. Sin exagerar.
Si mi mente me acompaña, nunca olvidaré el día en que llegó el pescadero. Yo acababa de irrumpir en el patio para preguntar una duda y allí estaba él, rodeado de hermosos ejemplares plateados, desmontando con aire triste un peso plegable de plástico. “Demasiado caros” -me comentaron mientras el chico se marchaba sin éxito.
¡Son tantos los recuerdos de tan corto tiempo y se me aparecen ahora tan cercanos! Mis bonitas sandalias de cuero por un euro, el tuareg de Burkina Faso -vendedor de remedios curativos- que aparcó su dromedario en la puerta y casi me mata del susto cuando, al salir a la calle, creí que los dinosaurios no se habían extinguido… O el muchacho de media sonrisa que nos remendaba la ropa en la máquina de coser acoplada a su bicicleta.
A estos profesionales de la llamada “economía informal”, cuyo apelativo tanto enerva cuando los ves trabajar de sol a sol, llenos de ingenio para satisfacer las necesidades de sus familias y de quienes les compran, los había conocido en los semáforos de Bamako, en las carreteras de Mozambique, caminando por los pueblos de Ghana o en las playas de Valencia… Pero, hasta este año, desconocía que también entraban en las casas de sus vecinos para ofrecer sus productos y servicios.
Si ahora todavía estuviera en Malí, me encantaría sentarme en el porche, frente al muro quebrado por la hospitalidad, y contagiarme del espíritu de “supervivencia” de los “informales”. O, como diría quien fuera un día mi profesor, y hoy aún mi maestro, Mbuyi Kabunda, de los trabajadores de la “economía solidaria”. La que para mal -y esperemos que un poquito para bien- se nos ha venido y viene encima.
29 de abril: ni urnas, ni golpistas… En manos extrañas
Hoy es día 29 de abril. Hoy era el día en que Malí tenía previsto celebrar la primera vuelta de las quintas elecciones presidenciales “libres y democráticas”, desde su independencia de Francia en 1960.
Hoy hace tres meses y 12 días que los rebeldes tuaregs se sublevaban en el norte de Malí, por cuarta vez desde la independencia.
Hoy hace dos meses y tres días que el entonces presidente de Malí, Amadou Toumani Touré (ATT), se dirigía por primera vez a la nación para hablar de lo que estaba ocurriendo en el norte del país, mientras que en el Sur se vivía una intensa campaña preelectoral como si nada sucediera en la parte septentrional. ATT, protagonista perpetuo de los informativos de la radio-televisión pública (ORTM), había callado hasta entonces y lo seguiría haciendo después, salvo contadas excepciones y siempre a través de medios extranjeros.
Hoy hace un mes y siete días que un grupo de militares del ejército maliense, liderados por el capitán Amadou Haya Sanogo, daba un golpe de Estado y creaba el Comité Nacional para la Recuperación de la Democracia y la Restauración del Estado (CNRDRE), con el objetivo de asegurar la integridad territorial, la unidad nacional y formar un gobierno de transición para celebrar una elecciones presidenciales realmente “libres y democráticas”.
Hoy hace 28 días que Tombuctú caía en manos de los rebeldes, por lo que los tuaregs conquistaban en tan solo tres días las capitales de las tres regiones del Norte: Kidal, Gao y Tombuctú.
Hoy también hace 28 días que el presidente de la Junta Militar, Sanogo, y el representante de la Comunidad Económica de Estados de África Occidental (CEDEAO), el ministro de Asuntos Exteriores de Burkina Faso, Djibril Bassolé, llegaban a un principio de acuerdo por el que el CNRDRE reinstauraba el orden constitucional y la CEDEAO cancelaba la amenaza de embargo, cuyo plazo finalizaba esa noche.
Hoy hace 27 días que los líderes de la CEDEAO, reunidos en Dakar -junto con otros líderes como el ministro de Exteriores francés, Alain Juppé- para asistir al acto de investidura del nuevo presidente de Senegal, Macky Sall, rompían unilateralmente las negociaciones con el CNRDRE e implantaban el “embargo total” al pueblo maliense (cierre de fronteras, de bancos…). Esa misma mañana, Francia había llamado a sus nacionales a salir del país y, coincidencia o no, el embargo total excluyó el cierre del espacio aéreo.
Hoy hace 22 días que se levantaba el embargo a Malí, después de que la Junta Militar aceptase los requisitos de la CEDEAO: entrega del poder a la sociedad civil; nombramiento del presidente de la Asamblea Nacional, Dioncounda Traoré, como presidente interino; nombramiento de un gobierno de transición hasta la celebración de unas elecciones “libres y democráticas”…
Desde entonces, se garantizó la seguridad de ATT -que ya descansa en Senegal-; Traoré fue nombrado presidente interino de Malí; Cheick Modibo Diarra, primer ministro; se aprobó un Ejecutivo compuesto por 24 ministros…
Sin embargo, una vez más, la CEDEAO ha vuelto a sorprender a los malienses. El pasado jueves, tan solo dos días después de la formación del nuevo Gobierno, la organización regional anunció que enviará tropas al sur de Malí para garantizar la salida de la Junta Militar del poder y la celebración de unas elecciones “libres y democráticas” en el país, en el plazo máximo de 12 meses.
Cierto es que, durante estas últimas semanas, Sanogo también ha dado algunas señales confusas como la de ordenar la detención de una veintena de altos cargos políticos y militares, aunque luego fueran liberados.
Pero hoy, 29 de abril de 2012, el día en que estaba previsto que se celebrara la primera vuelta de unas elecciones presidenciales “libres y democráticas”, la pregunta que imagino se plantean numerosos malienses será la misma que se hicieron el 2 de abril cuando la CEDEAO decidió imponer el “embargo total” tan solo un día después de haber retirado su amenaza: ¿Quién gobierna en Malí? ¿Qué capacidad real de decidir su destino tienen hoy la mayor parte de los malienses?
Cuando estas cosas suceden, siempre hay nacionales que defienden e incluso colaboran con los extranjeros, sobre esto no caben dudas. Pero el pasado 2 de abril, la mayor parte de los malienses ni quería ni merecía un embargo total impuesto “por sorpresa” desde el exterior, como solución a sus problemas. Por ello, supongo la impotencia que deben de estar sintiendo hoy un elevado número de personas ante la nueva situación de incertidumbre causada por la CEDEAO. El temor que deben de estar sufriendo los malienses, mientras esperan sin fecha a que tropas extranjeras entren en su territorio. Y no para ayudarles a liberar el Norte como deseaban, sino para controlarlos en el Sur.
Sanogo anunciaba ayer, 28 de abril, que no está de acuerdo con la nueva resolución de la CEDEAO, que establece el plazo de un año para la celebración de los comicios cuando la Junta Militar y la organización regional ya habían decidido agotar el plazo máximo de 40 días marcado por la Constitución, para luego -en el caso probable de no poder materializarse las elecciones- determinar qué otros pasos dar.
Hoy, día 29 de abril de 2012, quiero dejar claro que desapruebo cualquier toma de territorio o poder por la fuerza; que desapruebo cualquier injerencia externa y más la de aquellos que protegen sus propias fronteras a golpe de fuego, leyes y falta de ética; que desapruebo la imposición de cualquier modelo de Estado o de gobierno; que desapruebo el comportamiento de los líderes africanos que -en complicidad o no con las potencias extranjeras- no defienden los intereses de sus pueblos, sobre los que se basa su legitimidad.
Hoy, día 29 de abril de 2012, quiero dejar claro que defiendo los derechos humanos de cada uno de los malienses: los civiles y políticos y, en igual medida, los económicos, sociales y culturales. Que me avergüenzan las imágenes que me vinieron de golpe a la retina el día 2 de abril, tras la imposición del embargo: la de los vagabundos que pueblan Bamako; la de los niños de la calle; la de los enfermos de malaria, de polio, de asma por respirar el polvo de unas calles no asfaltadas; la de los campos de refugiados del Norte; la de la escasez de grano…
Hoy, día 29 de abril de 2012, quiero dejar claro que admiro y defiendo los valores de una sociedad en la que quienes más tienen todavía saben reconocer el privilegio de poder compartir su comida diaria con sus vecinos más necesitados; donde no se abandona a los ancianos; donde se nace y se muere en comunidad porque las personas se unen para celebrar los llantos de un recién nacido y para llorar la pérdida de un ser querido; donde los descendientes de antiguos esclavos bromean con quienes, de no haber cambiado las leyes, serían todavía sus amos; donde la paciencia te llega a parecer un don y la alegría: el arte de saber vivir ante la adversidad; donde pro-golpistas y anti-golpistas han sabido evitar el enfrentamiento en pro de la paz…
Los niños y niñas de Malí, un territorio rico en petróleo, en gas, en uranio, en oro, en agua, no se merecen un mal gobierno autóctono, pero tampoco un futuro marcado por el recuerdo de un país militarizado por soldados que ni hablan su lengua y que, ojalá me equivoque, no están al servicio de sus intereses.
Los padres y madres de estos hijos e hijas tampoco merecen este presente.
Homenaje a las malienses
Vídeo grabado en Bamako, capital de Malí, el 17 de marzo de 2012 (días antes del golpe de Estado perpetrado entre el 21 y el 22 de marzo). El estribillo reza (en francés y en bambara): “La gente te mete prisa, Alá no te mete prisa.” Las mujeres y niñas malienses se suelen reunir para tocar, cantar y bailar.
¡Qué no nos falte la esperanza!
Como la mayoría de vosotros ya sabréis, el miércoles 21 de marzo, la República de Malí sufrió un golpe de Estado por parte del Comité Nacional para la Recuperación de la Democracia y la Restauración del Estado (CNRDRE, en sus siglas en francés), presidido por el capitán del Ejército de Tierra, Amadou Haya Sanogo. Este fin de semana he parado de informar sobre la evolución de la situación que estamos viviendo porque otras prioridades, como las elecciones en Andalucía y Asturias, ocupan las portadas y los titulares (al menos en el caso español). Por ahora os puedo decir que, después de que el Ejército trajera ayer, desde Senegal, camiones cargados de gasolina y abasteciera los mercados con productos de la tierra, la vida de Bamako, la capital, poco a poco recobra la normalidad. También los pillajes han sido controlados por las propias Fuerzas de Seguridad, después de que el jueves por la noche el presidente de la Junta Militar, Sanogo, denunciara los asaltos de civiles y de algunos militares, que hicieron uso de sus uniformes para su propio beneficio.
Sin embargo, el pueblo maliense sigue desconcertado ante un golpe de Estado que no acaba de entender, que no todos comparten y que incluso quienes lo estaban deseando no lo han salido a celebrar. Quizá porque el motivo del golpe parecía claro -la mala gestión del gobierno de Amadou Toumani Touré (ATT) respecto a la cuestión del Norte-, pero no lo es tanto. Sobre si lo provocaron más causas, sobre el cómo se ha realizado y sobre sus consecuencias planean muchas dudas. Del interés de los medios, dependerá que os aporte más claves en sus páginas, informativos, programas o en este blog. Prometo no tardar.
Hasta entonces, ¡qué no nos falte la esperanza! Ni la paciencia de los malienses.
Nota: Mañana, 26 de marzo, es el 21 aniversario del golpe de Estado que dio el entonces teniente-coronel del Comando de Paracaídistas, ATT, para derrocar al régimen dictatorial de Moussa Traoré.

